miércoles, 28 de abril de 2010

El día más bello... (Capítulo Final)



Pagó veinte euros al taxista y ni siquiera cerró la puerta al salir. Apenas recorrió unos metros cuando la vio. Podría reconocerla entre un millón de personas. Allí estaba ella, riendo, aplaudiendo y observando muy atenta la actuación de un mimo . Quiso acercarse y besarla, pero no lo hizo. Mejor no precipitarse, pensó.
Subió a su casa mirando de nuevo el reloj. No había dejado de hacerlo desde que salió del hospital. Sólo le quedaban diez minutos.
El corazón le latía muy rápido y apenas le salía aire para poder respirar.
El momento había llegado y lo tenía allí, rozándolo con los dedos. Decidió asearse un poco antes de que ella llegara.

Se lavababa la cara cuando el timbre sonó. Un escalofrío le recorrió el cuerpo. Todavía ni se había quitado el pijama del hospital.¡Qué nervios!
No podía tardar más, tenía que abrir ya. El timbre volvió a sonar.
Miró por la mirilla y la vio. Con su vestido nuevo, muy guapa y sonriente, tal y como la recordaba… Suspiró, cogió el pomo y lo giró. La puerta se abrió y también su corazón.
Los dos se miraron a los ojos. Durante décimas de segundo se quedaron quietos, no hicieron ni se dijeron nada, sólo se observaban mientras caían por sus mejillas varios pares de lágrimas.

- ¡Qué guapa estás, cielo! – le dijo él mientras la mirada embelesado.
- He ido a la peluquería para estar hermosa para ti- respondió ella muy orgullosa. Y, tirando la maleta al suelo, se abalanzó sobre él.

Le abrazó tan fuerte que terminaron los dos tirados en el suelo. Él se levantó y la invitó a entrar. Ella, entre risas, así lo hizo.

- Pero… ¡qué bonito está todo! ¿ Es por mi?- dijo ella mientras recorría la casa con la mirada.
- Claro que es para ti- respondió él- Quiero que te sientas la princesa de este castillo, la dueña de este paraíso y la protagonista de este cuento. Quiero que este sea el DÍA MÁS BELLO para ti.

Ilusionada, empezó a mirar los globos, las guirnaldas, los peluches… hasta que llegó a la tarta. Allí estaba, decorando toda la mesa del salón, en medio de las golosinas y los refrescos. “Bienvenida a casa, Laura” leyó. No pudo más que soltar una gran carcajada y mirarle.

- ¿Qué te ocurre? ¿Por qué te ríes?- le preguntó él extrañado.
- Nada PAPÁ, sólo que ¡creo que se te ha olvidado que no me gusta el merengue!

domingo, 25 de abril de 2010

A un egoísta...


A ti, que no te mereces siquiera que malgaste mi tiempo en escribirte... A ti, que has recibido tantas cosas buenas y las has tirado a la basura. A ti, que junto a mí tuviste el mundo a tus pies y viviste tan bellos momentos. A ti, que fuiste mi gran ilusión después de mucho tiempo. A ti, que conseguiste que volviera a vibrar cuando me abrazabas. A ti, a quien dediqué mis mayores momentos, mis mejores caricias y mis palabras más sinceras. A ti, que me hiciste creer que era especial. A ti, que me hiciste sentir el ser más pequeño e insignificante de este mundo. A ti, por quien he pasado tantas noches en vela. A ti, por quien he derramado mares de lágrimas. A ti, que no sabes lo que es querer ni que te quieran. A ti, el ser más egoísta que jamás he conocido: GRACIAS, MUCHÍSIMAS GRACIAS. Ya no me importas. Ya has salido de aquí y, esta vez , a la puerta le he puesto tantos candados que ni siquiera sé dónde están las llaves. GRACIAS por ser así, EGOÍSTA, PREPOTENTE, ORGULLOSO y, sobre todo, EGÓLATRA. Sigue siendo el centro del mundo, mirándote al ombligo. Sigue diciendo YO, YO y YO. Que yo me quedaré aquí, riéndome y feliz, ya no puedes hacerme llorar, no me quedan lágrimas. Sigue estando SOLO, que yo me quedaré aquí, rodeada de POSITIVIDAD y buena gente. Sigue RESPIRANDO, que no viviendo, que yo aprovecharé cada bocanada de aire para llenarme de VIDA...
GRACIAS por rechazarme, gracias por DUDAR. No INTENTES NADA, no me da la gana de volver a SENTIR POR TI. Por fín puedo decir que SE ACABÓ. GRACIAS por haberme enseñado que NO TE MERECES NADA.

martes, 20 de abril de 2010

La bailarina...



Una joven, que desde pequeñita había asistido a clases de ballet, sintió un día que ya estaba preparada para entregarse a la disciplina de la danza y que quería convertir su afición en profesión. Deseaba llegar a ser primera bailarina en alguna compañía importante y quería comprobar si poseía las dotes necesarias.
Un verano llegó a su ciudad una gran compañía de ballet. Ella, ni corta ni perezosa, y tras asistir con agrado a la actuación, se coló entre bambalinas e intentó localizar al director. Se metió en más de un camerino y, por fín, dio con él.
- Quisiera llegar a ser una gran bailarina- le dijo - pero no sé si tengo el talento que hace falta.
- Vamos a comprobarlo entonces, hazme una demostración - le respondió el maestro.
La joven comenzó a mover su cuerpo y a dejarse llevar, a flotar y a imaginarse la gran bailarina que quería llegar a ser. Transcurridos apenas cinco minutos, el director la interrumpió, mientras movía la cabeza en señal de desaprobación.
- No, no tienes condiciones - le dijo de una manera muy fría y contundente.
La joven llegó a su casa con el corazón desgarrado. Tiró sus zapatillas de baile a la basura y y no volvió a asistir a clases de ballet nunca más.
Siguió su vida y pasaron los años. Se casó, tuvo hijos y encontró un trabajo de cajera en un supermercado cercano a su casa.
Años después, y tras haber pasado mucho tiempo sin querer saber nada sobre ello, decidió asistir a una función de ballet con su marido. A la salida, se encontró con el viejo director que conoció tiempo atrás y que ya era octogenario. Ella se acercó a saludarle. Le explicó quién era y cómo le había ido la vida desde que se vieron.
- Hay algo que nunca he terminado de entender. ¿Cómo pudo usted saber tan rápido que yo no tenía condiciones de bailarina?- le dijo perpleja.
- Bueno, mientras miraba cuando usted bailaba, le dije lo que siempre le digo a todas- le contestó.
- ¡Pero eso es imperdonable! - exclamó ella-. Usted arruinó mi vida, ¡pude haber llegado a ser primera bailarina!
- No lo creo- repuso el viejo maestro -. Si hubiera tenido las dotes necesarias , no habría prestado ninguna atención a lo que yo le dije.

CONCLUSIONES:
- Sin duda , si te crees perdido, estás perdido y si crees que no puedes, pues no podrás.
- Si quieres hacer algo pero lo crees imposible, no creo que triunfes jamás.
- En la vida no sólo el valiente o el veloz triunfa, tarde o temprano el que siempre vence es el que cree que es posible.
- Aunque los planes se trunquen, no tenemos que olvidar que SIEMPRE hay que perseguir nuestro sueño. Los sueños son SIEMPRE más poderosos que los hechos.
- PIENSA QUE PUEDES Y PODRÁS. Tienes que estar seguro de tí mismo antes de intentar ganar un premio.

lunes, 12 de abril de 2010

El día más bello... (Cuarta Parte)


Mientras estaba en aquella habitación de hospital, lúgubre y triste, empezó a saborear los momentos más dulces que había compartido junto a ella. Recordó el primer cumpleaños que pasaron juntos. Cómo olvidarlo.. fue especial, como todos los que le siguieron. Ella invitó a todos sus amigos, a todo el mundo que consideraba importante , estaba feliz y llenaba todo con su risa, con el brillo de su mirada, con la ilusión que ponía al abrir sus regalos ...
No pudo evitar emocionarse. Deseaba tanto volver a ver esa carita, volver a escuchar esa risa... Treinta días de espera estaban a punto de llegar a su fín, pero, a no ser que ocurriera un milagro, esta vez tampoco iba a poder disfrutar de todos aquellos recuerdos.

Y el milagro ocurrió. La puerta de la habitación triste se abrió y apareció una enfermera llena de informes:
- Puede irse - le indicó mientras le entregaba los papeles de su alta. - El médico descarta cualquier lesión cerebral y considera que puede irse tranquilo a su casa. Se le recomienda reposo y que en un par de días vuelva a hacerse una revisión de nuevo.

No podía creer lo que acababa de ocurrir. Mientras la enfermera se marchaba, él dio un respingo de la cama y, acto seguido, miró el reloj: " 20 minutos". Sin pensarlo, cogió todas sus pertenencias, las metió en una bolsa que encontró en el cuarto de baño y salió de la habitación.

Con el cuerpo completamente magullado, en pijama y sin ropa de abrigo se paró frente a la entrada principal del Hospital. Soltó una carcajada y alzó el brazo para pedir un taxi. Pronto se acercó uno. Tras indicarle al taxista su dirección, volvió a mirar el reloj. " Ya sólo nos separan quince minutos, cariño. Enseguida nos reencontraremos"

CONTINUARÁ ... (y ya sólo queda el CAPÍTULO FINAL)

viernes, 9 de abril de 2010

Moraleja...


Un maestro oriental que vio cómo un alacrán se estaba ahogando, decidió sacarlo del agua, pero cuando lo hizo, el alacrán lo picó.
Por la reacción al dolor, el maestro lo soltó, y el animal cayó al agua y de nuevo estaba ahogándose. El maestro intentó sacarlo otra vez, y otra vez el alacrán lo picó.
Alguien que había observado todo, se acercó al maestro y le dijo:
"Perdone, ¡pero usted es terco! ¿No entiende que cada vez que intente sacarlo del agua lo picará?".
El maestro respondió:
"La naturaleza del alacrán es picar, y eso no va a cambiar la mía, que es ayudar".
Y entonces, ayudándose de una hoja, el maestro sacó al animalito del agua y le salvó la vida.
MORALEJA:
"No cambies tu naturaleza si alguien te hace daño; sólo toma precauciones".

jueves, 8 de abril de 2010

Intuición materna...


Andrés vivía en un apartamento con Claudia. Ante los ojos de su familia, Claudia sólo compartía piso con Andrés. Nadie podía sospechar otra cosa.
Un día, Andrés invitó a su madre a cenar. Durante la cena la madre no pudo quitar su atención en lo hermosa que era Claudia. Siempre sospechó que su hijo tenia una relación con ella y, al verla, la sospecha no pudo sino acrecentarse.
En el transcurso de la velada, mientras veía el modo en que los dos se comportaban, se preguntó si estarían acostándose. Leyendo el pensamiento de su madre, Andrés le dijo: "Mamá, sé lo que estás pensando, pero te aseguro que Claudia y yo sólo somos compañeros de piso".
Unos días más tarde, Claudia le comentó a Andrés que desde el día en que su madre fue a cenar, no encontraba el cucharón grande de plata para servir la sopa. Andrés le dijo que mandaría un email a su madre para comentárselo, así que se sentó y escribió: "Querida mamá: No estoy diciendo que cogieras el cucharón de plata pero tampoco estoy diciendo que no lo hicieras. El hecho es que el cucharón ha desaparecido desde que viniste a cenar a casa.
Un beso, Andrés".
Días después, al abrir su correo electrónico, Andrés vio un email de su madre que decía:
"Querido hijo: No estoy diciéndote que te acuestas con Claudia o que no te acuestas con ella, pero el hecho es que si Claudia se acostara en su propia cama, ya habría encontrado el cucharón de plata, que lo puse bajo sus sábanas.
Con todo cariño, Mamá".

La cama al lado de la ventana...


Había una vez dos hombres, ambos muy enfermos, que ocupaban la misma habitación de un hospital. A uno se le permitía sentarse en su cama cada tarde, durante una hora, para ayudarle a drenar el líquido de sus pulmones. Su cama daba a la única ventana de la habitación. El otro hombre tenía que estar todo el tiempo boca arriba en su cama sin poderse sentar. Los dos charlaban durante horas.
Cada día hablaban de sus mujeres y sus familias, sus hogares, sus trabajos, se contaban batallitas de "la mili"...
Cada tarde, cuando el hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse, pasaba el tiempo describiendo a su vecino todas las cosas que podía ver desde la ventana. El hombre de la otra cama empezó a desear que llegaran esas horas, en que su mundo se ensanchaba y cobraba vida con todas las actividades y colores del mundo exterior. La ventana daba a un parque con un precioso lago. Patos y cisnes jugaban en el agua, mientras los niños lo hacían con sus cometas. Los jóvenes enamorados paseaban de la mano, entre flores de todos los colores del arco iris. Grandes árboles adornaban el paisaje, y se podía ver en la distancia una bella vista del horizonte y, a lo lejos, la silueta de la ciudad. Mientras el hombre de la ventana describía el paisaje con exquisito detalle, el de la cama contigua cerraba los ojos e imaginaba la idílica escena.
Una tarde calurosa, el hombre de la ventana describió un desfile que estaba pasando. Aunque el otro hombre no podía oír a la banda, podía verlo, con los ojos de su mente, exactamente como lo describía el hombre de la ventana con sus mágicas palabras.
Pasaron días y semanas, y cada una de ellas tenía un paisaje diferente. Los dos hombres se entretenían mucho comentando cada detalle, hablando sobre lo que habia al otro lado de la ventana.
Una mañana, la enfermera de día entró con el agua para bañarles, encontrándose el cuerpo sin vida del hombre de la ventana, que había muerto plácidamente mientras dormía.
Con mucha pena y pesar, pero ansioso por otro lado, el otro hombre pidió a la enfermera ser trasladado a la cama de al lado de la ventana. La enfermera le cambió encantada y el hombre se sentó para lanzar su primera mirada al mundo exterior; ¡por fin tendría la alegría de verlo él mismo! Se esforzó para girarse despacio y mirar por la ventana ... y se encontró con una pared blanca. Preguntó a la enfermera qué podría haber motivado a su compañero muerto para describir cosas tan maravillosas a través de la ventana.
La enfermera le dijo que quien había sido su compañero de habitación era ciego y que jamás habría podido ver ni siquiera la pared. Con un toque de dulzura, indicó al anciano: "Quizás él sólo quería animarle a usted".

MORALEJA:
"Es una tremenda felicidad hacer felices a los demás, sea cual sea la propia situación. El dolor compartido es la mitad de pena, pero la felicidad, cuando se comparte, es doble. Si quieres sentirte rico, sólo cuenta todas las cosas que tienes y que el dinero no puede comprar".

La deuda...


Un día el pequeño Héctor se acercó a su madre, que preparaba la cena en la cocina, y le entregó una hoja de papel en la que había escrito algo. Sorprendida, ella leyó atentamente lo que decía la nota:
" - Por cortar el césped: 5 euros.
- Por limpiar mi cuarto esta semana: 1 euro.
- Por poner la mesa para cenar: 1 euro.
- Por cuidar a mi hermanito cuando vas de compras: 2 euros.
- Por sacar la basura: 1 euro.
- Por sacar buenas notas en el cole: 5 euros.
- Por limpiar y barrer el patio: 2 euros.
TOTAL DEUDA: 17 EUROS"

Héctor aguardaba ansioso a que su madre terminara de leer la nota, esperaba una respuesta y, porqué no, que le diera sus 17 euros. Ella, sonriendo y sin quitar la mirada de su hijo, cogió un lapicero y en el dorso de la misma hoja escribió:
" - Por llevarte nueve meses en mi vientre: NADA.
- Por tantas noches de desvelos: NADA.
- Por los problemas y el llanto que me hayas causado: NADA.
- Por el miedo y las preocupaciones que me esperan: NADA.
- Por tus comidas, tu ropa y tus juguetes: NADA.
- Por cuidarte cuando estás malito: NADA.
TOTAL POR MI AMOR: NADA"

Cuando Héctor terminó de leer lo que había escrito su madre, tenía los ojos llenos de lágrimas. La miró a los ojos y le dijo: "Te quiero mucho mami". Acto seguido, cogió su lapicero y escribió con letra muy grande:

DEUDA TOTALMENTE PAGADA.

miércoles, 7 de abril de 2010

Sobre British Airways...



El 14 de Octubre de 1998, en un vuelo trasatlántico de la línea aérea British Airways tuvo lugar el siguiente suceso.

A una dama la sentaron en el avión al lado de un hombre de raza negra. La mujer pidió a la azafata que la cambiara de sitio, porque no podía sentarse al lado de una persona tan desagradable. La azafata argumentó que el vuelo estaba muy lleno, pero que iría a revisar a primera clase a ver si por si acaso podría encontrar algún lugar libre. Todos los demás pasajeros observaron la escena con disgusto, no sólo por el hecho en sí, sino por la posibilidad de que hubiera un sitio para la mujer en primera clase. La señora se sentía feliz y hasta triunfadora porque la iban a quitar de ese sitio y ya no estaría cerca de aquella persona.

Minutos más tarde regresó la azafata y le informó a la señora: “Discúlpeme señora, efectivamente todo el vuelo está lleno… pero afortunadamente encontré un lugar vacío en primera clase. Sin embargo, para poder hacer este tipo de cambios le tuve que pedir autorización al capitán. Él me indicó que no se podía obligar a nadie a viajar al lado de una persona tan desagradable.” La señora, con cara de triunfo, intentó salir de su asiento, pero la azafata en ese momento se giró y le dijo al hombre de raza negra: “¿Señor, sería usted tan amable de acompañarme a su nuevo asiento?”. Todos los pasajeros del avión se pararon y ovacionaron la acción de la azafata.

Ese año, la azafata y el capitán fueron premiados, y gracias a esa actitud la empresa British Airways se dio cuenta de que no había dado demasiada importancia a la capacitación de su personal en el área de Atención al Cliente. La empresa hizo cambios de inmediato y desde ese momento en todas las oficinas de British Airways se lee el siguiente mensaje:

“Las personas pueden olvidar lo que les dijiste,
las personas pueden olvidar lo que les hiciste,
pero nunca olvidarán cómo los hiciste sentir.”

AMOR se escribe con "P"...



AMOR se escribe con "P" porque para amar se debe tener PACIENCIA en los momentos en que el mismo amor te pone a prueba. Porque para olvidar un mal recuerdo debe existir PERDÓN antes que el odio visite a aquellos que se aman.
AMOR se escribe con "P" porque para conseguir lo que quieres, debes PERSEVERAR hasta alcanzar lo que te has propuesto. Porque la PACIENCIA, el PERDÓN y la PERSEVERANCIA son ingredientes necesarios para que un amor perdure. Porque AMOR es también una PALABRA dicha a tiempo. Es PERMITIRSE volver a confiar. Es PERMANECER en silencio escuchando al otro. Es esa PASIÓN que nos llena de estrellitas los ojos al pronunciar el nombre de la persona que amamos. AMOR son esas PEQUEÑAS cosas que nos unen al ser amado y que nos hacen sentir PLETÓRICOS. AMOR es la PAZ en nuestros corazones, es PLENITUD en nuestras vidas, lo PRIMERO en lo que pensamos al levantarnos, el sentimiento más PERFECTO que puede existir. AMOR es PODER ante las adversidades, es PLACER para compartir con nuestros amados, es PROBAR nuevos sabores. AMOR se escribe con "P" porque ... es la PANACEA de todos los males.

martes, 6 de abril de 2010

Una hora de tu tiempo...


- Papá, ¿cuánto ganas por hora?
El padre dirigió un gesto muy severo a la niña y contestó:
- No me molestes, que estoy cansado.
- Pero, papá –insistía la niña - dime, por favor, ¿cuánto cobras por una hora?
Esta vez, la reacción del padre fue menos severa y, sin levantar la cabeza, respondió:
- Veinte euros por hora.
- Papá, ¿me podrías prestar diez euros?
El padre montó en cólera y le dijo:
- ¡Vete a dormir ya y no me molestes más, por favor! ¡ Eres muy pesada!
Tras unos minutos, el padre meditó lo sucedido y se sintió culpable. Queriendo descargar su conciencia dolida, se asomó al cuarto de su hija. En voz baja preguntó a la pequeña:
- ¿Duermes hija mía ?
- Dime papá - contestó la niña entre sueños.
- Aquí tienes el dinero que me pediste - respondió el padre.
La niña dio un brinco en la cama y abrazó fuertemente a su padre dándole las gracias. Metiendo su manita bajo la almohada sacó unos billetes más:

- Ahora ya tengo todo el dinero, tengo veinte euros. Papá, ¿ me podrías vender una hora de tu tiempo?