jueves, 8 de abril de 2010

La cama al lado de la ventana...


Había una vez dos hombres, ambos muy enfermos, que ocupaban la misma habitación de un hospital. A uno se le permitía sentarse en su cama cada tarde, durante una hora, para ayudarle a drenar el líquido de sus pulmones. Su cama daba a la única ventana de la habitación. El otro hombre tenía que estar todo el tiempo boca arriba en su cama sin poderse sentar. Los dos charlaban durante horas.
Cada día hablaban de sus mujeres y sus familias, sus hogares, sus trabajos, se contaban batallitas de "la mili"...
Cada tarde, cuando el hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse, pasaba el tiempo describiendo a su vecino todas las cosas que podía ver desde la ventana. El hombre de la otra cama empezó a desear que llegaran esas horas, en que su mundo se ensanchaba y cobraba vida con todas las actividades y colores del mundo exterior. La ventana daba a un parque con un precioso lago. Patos y cisnes jugaban en el agua, mientras los niños lo hacían con sus cometas. Los jóvenes enamorados paseaban de la mano, entre flores de todos los colores del arco iris. Grandes árboles adornaban el paisaje, y se podía ver en la distancia una bella vista del horizonte y, a lo lejos, la silueta de la ciudad. Mientras el hombre de la ventana describía el paisaje con exquisito detalle, el de la cama contigua cerraba los ojos e imaginaba la idílica escena.
Una tarde calurosa, el hombre de la ventana describió un desfile que estaba pasando. Aunque el otro hombre no podía oír a la banda, podía verlo, con los ojos de su mente, exactamente como lo describía el hombre de la ventana con sus mágicas palabras.
Pasaron días y semanas, y cada una de ellas tenía un paisaje diferente. Los dos hombres se entretenían mucho comentando cada detalle, hablando sobre lo que habia al otro lado de la ventana.
Una mañana, la enfermera de día entró con el agua para bañarles, encontrándose el cuerpo sin vida del hombre de la ventana, que había muerto plácidamente mientras dormía.
Con mucha pena y pesar, pero ansioso por otro lado, el otro hombre pidió a la enfermera ser trasladado a la cama de al lado de la ventana. La enfermera le cambió encantada y el hombre se sentó para lanzar su primera mirada al mundo exterior; ¡por fin tendría la alegría de verlo él mismo! Se esforzó para girarse despacio y mirar por la ventana ... y se encontró con una pared blanca. Preguntó a la enfermera qué podría haber motivado a su compañero muerto para describir cosas tan maravillosas a través de la ventana.
La enfermera le dijo que quien había sido su compañero de habitación era ciego y que jamás habría podido ver ni siquiera la pared. Con un toque de dulzura, indicó al anciano: "Quizás él sólo quería animarle a usted".

MORALEJA:
"Es una tremenda felicidad hacer felices a los demás, sea cual sea la propia situación. El dolor compartido es la mitad de pena, pero la felicidad, cuando se comparte, es doble. Si quieres sentirte rico, sólo cuenta todas las cosas que tienes y que el dinero no puede comprar".

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