martes, 6 de abril de 2010

Una hora de tu tiempo...


- Papá, ¿cuánto ganas por hora?
El padre dirigió un gesto muy severo a la niña y contestó:
- No me molestes, que estoy cansado.
- Pero, papá –insistía la niña - dime, por favor, ¿cuánto cobras por una hora?
Esta vez, la reacción del padre fue menos severa y, sin levantar la cabeza, respondió:
- Veinte euros por hora.
- Papá, ¿me podrías prestar diez euros?
El padre montó en cólera y le dijo:
- ¡Vete a dormir ya y no me molestes más, por favor! ¡ Eres muy pesada!
Tras unos minutos, el padre meditó lo sucedido y se sintió culpable. Queriendo descargar su conciencia dolida, se asomó al cuarto de su hija. En voz baja preguntó a la pequeña:
- ¿Duermes hija mía ?
- Dime papá - contestó la niña entre sueños.
- Aquí tienes el dinero que me pediste - respondió el padre.
La niña dio un brinco en la cama y abrazó fuertemente a su padre dándole las gracias. Metiendo su manita bajo la almohada sacó unos billetes más:

- Ahora ya tengo todo el dinero, tengo veinte euros. Papá, ¿ me podrías vender una hora de tu tiempo?

2 comentarios:

A las 7 de abril de 2010, 22:16 , Blogger Manuel ha dicho...

A veces no somos conscientes del daño que causamos a los demas con nuestro comportamiento, pero cuando se trata de nuestros propios hijos, ellos mismos son los que nos dan verdaderas lecciones a nosotros y las muestras de cariño mas grandes que un padre puede recibir.
Estoy quedando prendado con tus historias Rebecca y te felicito sinceramente, de corazón. Gracias.

 
A las 7 de abril de 2010, 22:20 , Blogger Manuel ha dicho...

A veces no somos conscientes del daño que causamos a los demas con nuestro comportamiento, pero cuando se trata de nuestros propios hijos, ellos mismos son los que nos dan verdaderas lecciones a nosotros y las muestras de cariño mas grandes que un padre puede recibir.
Estoy quedando prendado con tus historias Rebecca y te felicito sinceramente, de corazón. Gracias.

 

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